JESUS EL CRISTO

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Gnosis por Samael Aun Weor

martes, 22 de febrero de 2011

LA CHARLA INTERIOR

LA CHARLA INTERIOR...


LA CHARLA INTERIOR.

COMENTARIO SOBRE LA CHARLA INTERIOR

Una de las cosas que más nos sorprende en este Trabajo es que nos dice que estamos todos equivocados.

Es probable que cada cual piense que su vida exterior anda muy mal, pero no puede darse cuenta de que lo que anda mal es su propia vida interior.

Por ejemplo, todas las actitudes adquiridas, la valoración ya establecida de las cosas, suele ser equivocada.

Esta es una sorpresa.

Significa que se han seguido ideales muy equivocados, pensamientos, puntos de vista, ideas más equivocadas sobre lo que se tiene que hacer o no a lo largo de la vida.

Por esa razón es tan necesaria una segunda educación para aquellos que la desean.

He empleado antes este término.

El Trabajo puede compararse a una segunda educación que nos ensena como debemos vivir en esta Tierra de una manera recta desde el punto de vista del Trabajo.

Recuerdo que muchas de las personas que influyeron en los primeros años de mi vida estaban muy equivocadas.

Ahora bien, si siempre siguen las normas equivocadas que han adquirido, si siempre piensan que algunas cosas han de hacerse y otras no, están siguiendo muy probablemente algo que nunca les llevara a ningún desarrollo, ni a ninguna paz, ni a ninguna libertad interior.

En nosotros hay una clase de topes que pueden ser formulados de la siguiente manera:

"Nunca hacemos esto, nunca hacemos aquello".

Es una experiencia maravillosa sentir el Trabajo y observarse a si mismo desde lo que ensena y ver como durante toda la vida se han seguido ideales muy equivocados.

Asi, repito que este Trabajo puede ser llamado una segunda educación que se emprende a expensas de la educación adquirida.

Esta segunda educación impartida por el Trabajo y de la cual es preciso aferrarse, cada cual individualmente, suele producir armonías y una comprensión que la primera educación adquirida nunca puede dar.

Esa segunda educación se hace, desde luego, a expensas de la Personalidad adquirida.

Una persona empieza a examinarse a sí misma, a observarse a sí misma, a ver que muchas actitudes adquiridas no llevan a ninguna parte y solo producen una sensación de incomodidad, de falta de armonía.

Se les ha dicho recientemente y repetidas veces que importante es observarse a si mismo desde lo que el Trabajo les señala como importante o como no importante.

Una persona, por ejemplo, suele sentir que es justo que se preocupe por todo o que escriba constantes cartas dando consejos a otra persona acerca de alguna situación domestica insoluble y todo lo que deriva de ella.

Lo hace porque ha adquirido ciertas actitudes inculcadas sobre lo que es justo e injusto y puede causar muchas aflicciones innecesarias tanto en lo que respecta a si misma cuanto en lo que respecta a las otras personas con quienes esta en relación.

El desprenderse uno de sí mismo, esta posibilidad de llegar a ser diferente de lo que es, de tomar todo de una nueva manera que no concuerda con las opiniones que nos fueron ensenadas, todo ello es el comienzo de la acción del Trabajo sobre uno mismo.

Nuestras opiniones y puntos de vista adquiridos no nos dan la libertad interna, ni el desarrollo interno.

Por esta razón el Trabajo aparece como algo que ensombrece nuestra pequeña vida para ensenamos como hemos de comportamos realmente, como hemos de pensar realmente, como hemos de contemplar realmente la vida en esta Tierra.

Si estudian el Trabajo detenidamente verán que les procura una manera completamente nueva de relacionarse con la vida, con las otras personas y, sobre todo, consigo mismos.

Pero si siguen aferrados a sus opiniones fijas, a sus topes, a todas las maneras adquiridas de encarar la vida tal como lo han hecho en el pasado, nunca comprenderán de que les habla el Trabajo.

Es preciso recordar que es a sí mismo a lo que hay que cambiar —el sí mismo que está muy equivocado, desde el punto de vista del Trabajo— a saber, desde el punto de vista del Hombre Superior.

Son ustedes quienes tienen una maquina sucia y mal conectada.

Hablare ahora sobre el tema de la Charla Interior, sobre la cual el Trabajo dice muchas cosas.

Les hare una pregunta: ¿Les han ensenado a algunos de ustedes en su educación ordinariamente adquirida —en su primera educación— algo sobre la charla interior?

.¿Les dieron cursos en la escuela sobre los peligros de la charla interior o les han dado alguna vez la definición de la charla interior?

Tengo la seguridad de que este tema nunca les fue ensenado en la vida, pero en el Trabajo una de las primeras cosas que se les ensena es que deben tratar de detener la charla interior porque es muy peligrosa.

No hablo de la gente que anda por la calle hablando a solas.

En rigor esta es charla interior, pero hablo de esa charla interior que prosigue en una persona en todo momento y que no es expresada exteriormente.

En otras palabras, nos referimos al estado psicológico interior sobre el cual el Trabajo pone tanto énfasis.

El Trabajo se ocupa primordialmente de los estados interiores.

Se refiere a como es usted dentro de sí invisiblemente y a que cosa acompaña en sí mismo.

Aquí está el punto de aplicación del Trabajo. Una de las primeras cosas que es preciso estudiar en el Trabajo es como ahorrar fuerza, y ante todo es preciso estudiar cómo detener la pérdida de fuerza. Todo acto psíquico requiere fuerza Nada puede suceder psicológicamente en usted sin extraerle fuerza.

Si envidia a alguien en sus pensamientos, esto le extrae su fuerza.

Ahora bien, el estudio de la fuerza en nosotros mismos es una cuestión extremadamente complicada.

Les recordare aquí que cuando se usa la fuerza conscientemente —es decir, hasta el punto en que se es consciente en la atención dirigida— no se pierde fuerza sino que al contrario se la gana.

Pero cada acto psíquico que sucede mecánicamente le extrae su fuerza, es decir, se desperdicia fuerza y desaparece sin producir resultado ninguno.

Una de las formas de perder mecánicamente fuerza de este modo tiene lugar por medio de lo que el Trabajo llama charla interior.

Ahora bien, el Trabajo dice que la charla interior es difícil de detener y es preciso ser muy hábil a este respecto y hallar la manera de buscarla.

Pero dice ante todo que se ha de tener la capacidad de percibir por medio de la observación de sí que la charla interior tiene lugar en una persona.

La charla interior nunca es un dialogo sino siempre un monologo.

La charla interior es siempre negativa por su carácter.

Gran parte de la charla interior está conectada con la auto justificación, es decir, con el intento de ponerse a sí mismo en una buena situación, de tener razón.

Ud. siente, por ejemplo, que alguien lo ha tratado injustamente.

Esto iniciara la charla interior.

Lo importante es que ya está en un estado negativo por no haber sido tratado justamente en su opinión de sí mismo y no haber quedado satisfecho de la conducta de alguien, y empieza a ser negativo hacia las otras gentes, hacia la manera en que los otros lo han tratado.

Una cadena de charla interior empieza automáticamente en usted, y hallara a menudo que se funda en la auto justificación, en ponerse usted mismo en el lugar que le corresponde respecto de esa conducta injusta de otras personas hacia usted.

Sin embargo, hay otras formas de charla interior, a menudo ubicadas más profundamente, que se refieren a personas que han muerto hace mucho y son debidas a los discos de gramófono establecidos en usted, a los que algo pone en movimiento.

Pero si quieren aprender algo sobre esas formas de charla interior obtendrán mejor resultado comprendiendo su origen y entonces con esta fuerza consciente serán capaces de rememorar formas más antiguas de charla interior y tratarlas de una manera mucho más consciente.

Lo primero que debemos hacer respecto de la charla interior es observarla y darnos cuenta de lo que dice dicha charla interior.

Como dije, es siempre un monologo. Empero, toda charla interior es personal y está dirigida hacia una persona.

Esta persona puede ser Dios, pero entonces es considerado como una persona.

Se siente uno abandonado, se siente uno injustamente tratado, se siente que no se tuvo una buena oportunidad, y así sucesivamente.

Es siempre personal, esta siempre dirigida contra alguna otra persona de quien se conoce algo o de quien no se conoce nada, pero es siempre contra una persona, conocida o desconocida, una persona que no dice nada y que en apariencia no nos aprecia suficientemente.

En cierto estado se puede llegar a identificarse a tal punto, llegar a tal grado de consideración interior, que hasta la materia misma llega a ser personal como un poder hostil.

Se hace caer una taza inadvertidamente y se la quiebra y se le echa la culpa a la taza.

Ahora bien, en la charla interior una persona nunca se culpa a sí misma. Esto detendría el proceso.

A veces se suele pensar que uno tiene la culpa pues hay formas muy sutiles de charla interior, que están mezcladas con una aparente autocensura y cuyas raíces se hunden en algo muy diferente.

Pero cuantos más cargos se le hacen a la vida en general, mas se siente en general que las cosas hubieran debido ser diferentes, más frecuente y habitual tiende a ser la charla interior.

Ahora bien, es preciso perdonar todo sentimiento de que la gente nos debe algo.

Esto es extremadamente difícil.

Pero es una de las pocas cosas mencionadas en la Oración del Señor: "Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores".

Cuando una persona permite que la charla interior prosiga indefinidamente pierde fuerza todo el tiempo.

Esta clase de rezongo mental arrastra a una persona a un nivel más bajo porque es básicamente negativa.

Como es sabido, todos los estados negativos nos extraen nuestra fuerza inútilmente y a veces son comparados con el estado de una persona que se ha abierto una arteria y que se desangra gradualmente hasta la muerte sin saber que se está muriendo.

Rodearse de algo que gradualmente se hace mas impermeable a los impactos de la vida es una de las ideas de este Trabajo.

Esta idea se expresa de muchas maneras diferentes.

Una de ellas dice que es preciso aislarse o apartarse de los efectos que la vida ejerce sobre nosotros.

Este aislamiento es la idea que esta tras la no identificación.

Tenemos que preparar un buen receptáculo.

Tenemos que hacer una vasija en la que el Trabajo y cuanto resulta de él pueda conservarse sin correr el riesgo de disolverse completamente en cada momento, de perderse completamente debido a los torpes movimientos de la vida cotidiana.

En otras palabras, es preciso aterrarse de algo fuertemente y cada vez más, y es exactamente este aferramiento el que previene una perdida y construye lo que ha de ser construido en nosotros.

Este poder que nos permite tener un receptáculo, este poder de separación y de Recuerdo de Si posibilita el crecimiento del Segundo Cuerpo, esto es, de algo que no es una función de las condiciones externas.

Aquí está la profundidad del Trabajo y aquí esta la primera explicación de todo lo que el Trabajo nos ensena a practicar en esta segunda educación.

Se ha dicho a menudo que hay que elegir entre servir a la vida y servir al Trabajo.

Si las cosas nimias lo trastornan, si una mera palabra estropea su vida, Ud. no está en condiciones de desarrollarse.

No tiene nada con lo cual desarrollarse, por así decirlo, ni fuerza para crear el Segundo Cuerpo.

Ahora bien, a este respecto, la charla interior nos debilita probablemente más que cualquier otra cosa.

Es el origen de continuas pérdidas de fuerza, de servir a la vida.

¿Qué significa la vida?

La vida significa entre otras cosas lo que la gente nos dice, como se comporta hacia nosotros, que nos llega a través de nuestros sentidos, a través de lo que vemos, de lo que oímos.

En el sentido-Trabajo la vida es esa cosa externa con la cual nos ponemos en contacto por medio de los ojos, de los oídos, el gusto, etc.

Los sentidos psicológicos son los ojos y los oídos.

Son los vehículos del sentido.

Nos transmiten impresiones del mundo externo en el que otras personas existen como cosas visibles, audibles.

Nuestra vida psicológica es invisible a los sentidos de las otras gentes y a los sentidos externos nosotros mismos.

Nuestra vida psicológica es como pensamos, como sentimos, y es hacia esa vida interior psicológica, como se dijo, hacia la cual el Trabajo dirige su atención.

Dice: "Obsérvese a sí mismo. ¿Qué piensa de las otras gentes?"



Sin duda piensa que es una cosa carente de importancia, que es una cosa que le concierne únicamente a usted.

Pero tiene mucha importancia porque si piensa mal de las otras personas toda anda mal dentro de sí mismo y al cabo de un tiempo se hallara en tal situación, si intenta hacer este Trabajo, que me espanta pensar en ella.

Todo ese lado de su persona debe ser limpiado y puesto en perfectas condiciones.

Aquí es donde interviene el perdón de las deudas.

Ahora bien, la charla interior siempre proviene prácticamente de un pensar equivocado y de un sentir equivocado.

De igual modo que cuando se tiene un salpullido se siente que se debe estar enfermo, cuando se halla uno lleno de charla interior, de frases desagradables que se repiten automáticamente, de justificaciones, se debe tener la seguridad de que se esta psicológicamente enfermo.

Si empieza a sentir que este Trabajo es una de las cosas importantes en su vida se sentirá extremadamente incomodo, enfermo, y deseara realmente ver cuál es la causa de todo ello y como se puede ponerle fin.

Siempre descubrirá que se debe a que está mintiendo, a que no hace frente a lo que en realidad sucede.

Se puede mentir por medio de alguna fantasía que uno se forja de sí mismo, alguna imagen absurda, que es en sí una mentira.

Y en este Trabajo no se va lejos alimentando agradables auto-imágenes de la propia nobleza o valer.

Cuando un hombre empieza a observarse profundamente, esas imágenes, esas fantasías, empiezan a cambiar.

Sabe que el mismo es tan malo o aun peor que la otra persona.

Luego, por propia experiencia, tengo la seguridad de que pondrá fin a gran parte de su charla interior.

Ya no buscara justificarse a sí mismo.

Trate de transformar la charla interior que, como dije, es siempre un monologo dirigido contra otra persona, en un dialogo con esa otra persona dele existencia y dígale: "No creo que me ha tratado injustamente", y trate de que dicha persona le conteste.

Cultivar el dialogo interior es una cosa extremadamente útil.

Tal vez le sorprenda que esa otra persona a quien ha materializado en su mente le diga de repente:

"¿Que se cree usted?"

Sera una experiencia sorprendente que alguien le diga estas palabras que se refieren a su persona.

Y esa persona materializada puede llegar a decirle:

"¿Que ha dicho usted?"

Ahora bien, esto romperá todo su bonito goce negativo.

Sentirá que tiene dentro de sí a un enemigo, o tal vez a un amigo, que no puede pensar o sentir como siempre ha pensado o sentido en su más bien desagradable retraimiento.

A veces conviene oponer el Trabajo a uno mismo cuando se está ensimismado en una charla interior.

Es preciso observar que se propone la charla interior.

Luego ha de repetirlo a esa imagen del Trabajo que ha evocado en sí mismo y ver que dice el Trabajo.

Es hacer comparecer los "Yoes" que son conscientes para que entablen un dialogo con los "Yoes" mecánicos que no son conscientes.

Supongamos que obtenga alguna respuesta de los "Yoes" del Trabajo.

Instantáneamente sus "Yoes" mecánicos trataran de buscar una excusa.

Dirán, por ejemplo: "Oh, por cierto, esto es muy difícil para nosotros".

Ahora bien, formulemos esta difícil situación en términos del Trabajo.

Cuando su psicología mecánica despilfarra continuamente fuerzas en actividades psíquicas absolutamente inútiles el Trabajo le hace comparecer y le dice: "¿Por qué es usted negativo?"

Usted Contesta "Yo no soy negativo".

Y entonces se produce un momento de silencio y luego usted (es decir, su charla interior mecánica) dice algo parecido a esto:

Pues bien, nunca pude hacer el Trabajo".

Silencio.

Y entonces hallara que el esfuerzo que hacía para dividirse en dos desaparece rápidamente en usted (es decir, su lado mecánico) y seguirá charlando internamente, probablemente con un aumento de fuerza.

Ahora bien, es precisamente aquí donde aparece cierta sutileza de observación de sí.

No creo que después al menos por un tiempo, su charla interior mecánica tenga tantos bríos.

Pondré fin a este breve Comentario diciendo que cuando una persona está en estado de alerta su charla interior se detiene.

Practicar la pintura es útil.

Lo que debe comprender es que la charla interior desenfrenada lo agota despilfarra sus fuerzas, y es probable que le haga contraer muchas enfermedades que son innecesarias.

Una persona demasiado arrogante siempre tendrá mucha disposición a la charla interior porque cuando se es demasiado arrogante la actividad de la auto-justificación obra continuamente.

Recuerden que uno de los propósitos del Trabajo es llegar a comprender la propia navidad Tal realización pone fin a toda la charla interior y a todo el derroche de fuerza que produce.

Pero causa extraordinaria impresión discernir en uno mismo y en las otras personas cuantas cosas hay que romper, cuantas circunstancias adversas se requieren para derribar esa fantasía interior que exige tanta fuerza para mantenerse.

DR. MAURICE NICOLL
Enseñanzas del Cuarto Camino

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